
Isis sin velo II /Helena Petrovna Blavatsky
“Según tradición explicada en los anales del Gran Libro, mucho antes de los días de Ad-am y de su curiosa mujer Heva, allí donde hoy sólo se ven lagos salados y áridos desiertos, se dilataba por el Asia central un vasto mar interior hasta las estribaciones occidentales de la majestuosa cordillera de los Himalayas. En aquel mar había una isla de insuperable belleza, habitada por los últimos restos de la raza anterior a la nuestra, cuyos individuos podían vivir indistintamente en el agua, en el aire o en el fuego, porque ejercían ilimitado dominio sobre los elementos. Eran los “hijos de Dios”; pero no los que se prendaron de las “hijas de los hombres”, sino los verdaderos Elohim, aunque la Kábala oriental les dé otro nombre. LA ISLA TRANSHIMALÁYICA
EL TESORO DE LOS INCAS
“Las ruinas de que está sembrado el suelo americano y muchas islas adyacentes a la India occidental fueron obra de los sumergidos atlantes. Así como los hierofantes del continente antiguo podían comunicarse submarinamente con el nuevo, así también los magos atlantes dispusieron de análogas comunicaciones. A propósito de estas misteriosas catacumbas, referiremos una curiosa narración oída de labios de un peruano con quien íbamos de viaje, y que murió hace tiempo (55). Trata la narración de los famosos tesoros del último inca, y es como sigue:“Desde el célebre y miserable asesinato perpetrado por Pizarro en la persona del último inca, todos los indios conocían el paraje donde estaba escondido el tesoro, pero no así los mestizos, en quienes era imposible confiar. Al caer prisionero el inca, ofreció su esposa en rescate todo el oro que cupiese en una sala hasta la altura donde alcanzase el conquistador, debiendo efectuarse la entrega antes de la puesta de sol del tercer día.
“A consecuencia de algunas indiscreciones, los gobiernos de distintos países enviaron agentes en busca del tesoro bajo pretexto de exploraciones científicas, pero no tuvieron éxito alguno en su propósito.
“Los informes de Tschuddi y otros historiadores del Perú confirman esta narración, aunque hay algunos pormenores desconocidos del público antes de ahora.
Varios años después volvimos al Perú, y en un viaje por mar desde Lima a las costas meridionales, llegamos cuando ya se ponía el sol a un punto cercano a Arica, donde nos llamó la atención una enorme y solitaria roca cortada casi a pico y sin visible enlace con la cordillera de los Andes. Era la tumba de los incas. Con el auxilio de unos gemelos de teatro, distinguimos a los reflejos del sol poniente algunos curiosos jeroglíficos grabados en la superficie de la volcánica roca.
SUBTERRÁNEOS DEL PERÚ
“En Cuzco, capital del Perú, se alzaba el templo del Sol, famoso en todo el país por su magnificencia. Techo, paredes y cornisas estaban revestidas de planchas de oro, y en el muro occidental habían practicado los arquitectos una abertura dispuesta de tal modo, que enfocaba los rayos solares hacia el interior del edificio, en donde se difundían como dorada cadena alrededor de las paredes e iluminaban los torvos ídolos y descubrían ciertos signos místicos (57), de ordinario invisibles, en que se cifraba el secreto de las entradas a la galería subterránea. Una de estas entradas se abre en las inmediaciones del Cuzco (actualmente es imposible de descubrir), y da acceso a un larguísimo subterráneo que conduce a Lima, y de esta ciudad tuerce hacia el Sur hasta Bolivia. “Una de estas losas intercepta la galería por la parte de Lima, y la otra por la de Bolivia. Esta última rama se dirige hacia el Sur y pasa por Trapaca y Cobijo, porque Arica no está muy lejos del riachuelo Payquina (58) que separa Perú de Bolivia.
“No lejos de allí se yerguen tres picachos andinos, distanciados en forma de triángulo. Según tradición, en uno de estos picos se abre la única entrada expedita de la galería que va al Norte; pero sin conocer los puntos de referencia que a la entrada encaminan, fuera en vano que un ejército de titanes apartara las rocas con intento de descubrirla. Y aun suponiendo que alguien diese con ella y llegara por la galería hasta la losa que cierra la cámara sepulcral, resuelto a derribarla, nada conseguiría, porque las rocas de la bóveda están asentadas de modo que, en tal caso, cegarían la tumba con todos sus tesoros (59). La cámara de Arica no tiene otra entrada que la abierta en la montaña inmediata al río Payquina. A lo largo de la galería que desde el Cuzco pasa por Lima hasta llegar a Bolivia, hay pequeños escondrijos, donde durnte muchas generaciones acumularon los incas incalculables riquezas en oro y piedras preciosas (60).
“Los tesoros descubiertos en las excavaciones de Micenas por Schliemann despertaron la codicia de los aventureros, que desde entonces ponen la mira en las ruinas donde sospechan ha de haber criptas o cuevas subterráneas con escondidos tesoros. No hay paraje alguno, ni siquiera el Perú, del que se refieran tantas tradiciones como del desierto de Gobi, en la Tartaria independiente. Esta desolada extensión de movediza arena fue, si la voz popular no miente, uno de los más poderosos imperios del mundo. Se dice que el subsuelo esconde oro, joyas, estatuas, armas, utensilios y cuanto supone civilización, lujo y arte en cantidad y calidad superior a lo que pueda hoy hallarse en cualquier capital de la cristiandad. Las arenas del desierto de Gobi se mueven regularmente de Este a Oeste, impelidas por el huracanado viento que de continuo sopla. De cuando en cuando, dejan las arenas al descubierto parte de los tesoros ocultos, pero ningún indígena se atreve a echarles mano porque le herirían de muerte los bahti, espantosos gnomos a cuya fidelidad está confiada la custodia de aquellas riquezas, en espera de que la sucesión de los períodos cíclicos permita revelar la existencia de aquel pueblo prehistórico para enseñanza de la humanidad.“Según tradicional local, en las cercanías del lago Tabasun Nor está todavía la tumba del khan Ghengiz, donde el Alejandro mogol duerme para despertar dentro de tres siglos y conducir a su pueblo a nuevas victorias y más verdes laureles (61).
“El desierto de Gobi, así como toda la Tartaria independiente y el Tíbet, están celosamente guardados contra la intrusión de los extranjeros. Quienes obtienen licencia para atravesar dichos territorios, quedan sujetos a la vigilancia de los agentes de la suprema autoridad del país, con la restricción de no divulgar nada de lo referente a lugares y personas (62)”.




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